No es Vanidad. Es Ciencia.
Diana Franco, WE NYC Mentor
Diana Franco - Grenout

Ella entró en la sala de reuniones rápidamente. Estaba cansada, había tenido una noche difícil terminando la presentación. Aún sentía sobre sus hombros el peso de las largas horas de trabajo en esa semana. Sin embargo, el sentimiento del deber cumplido la cubría; había hecho lo mejor que podía, y todo estaba a punto de terminar. Su cabello estaba desordenado, y ni siquiera pudo elegir el traje adecuado para la ocasión. Pero que importa ¿no? El contenido es perfecto, los documentos están en su lugar... cómo me veo, es vanidad ¿cierto?

Vanidad es el orgullo excesivo de cómo se luce. De hecho, en latín significa cualidad en vano. Sin embargo, cuando hablamos de imagen personal, nos referimos a una parte fundamental de la confianza en sí mismo: cómo uno se percibe y cómo otros lo perciben a uno.

Y no se engañen, ni me respondan con que “a mí no me importa lo que piensen de mí”, porque no les estoy preguntando. Se los estoy confirmando: SÍ importa, y mucho. Especialmente si ustedes son empresarias, emprendedoras, o están en el mundo corporativo, y parte de su trabajo implica interactuar con otros.

Numerosos estudios sustentan la importancia del desarrollo de una buena imagen personal a nivel profesional y sus efectos a corto y largo plazo; entre otros, una investigación conducida por la Universidad de Florida, entre el 2005 y 2007, reveló que la imagen personal descuidada es interpretada por otras personas como menor inteligencia, aunque no sea cierto.

El mismo estudio mostró que, los individuos con mejor presentación personal, no sólo tuvieron acceso a mejores posiciones, sino que, a la vez lograron mejores experiencias de trabajo. Dichas personas también mostraron mejor desempeño, probablemente porque había expectativas más altas sobre ellas, e inconscientemente, cada cual busca llenar las expectativas de los demás. Y más curioso aún, evidenciaron mayor motivación y menor estrés.

Así que la próxima vez que ustedes tengan una presentación importante, una cita con un cliente, o una reunión con una junta directiva, háganse un favor: arréglense bien. Si toman veinte horas de su semana, o quizá más, con el fin de preparar esa reunión, tomen dos horas para preparar cómo van a lucir en ella: usen colores neutrales, el rostro despejado, cabello y manos arreglados, maquillaje discreto si acostumbran utilizarlo, e incluso tacones.

¡Sí, tacones! Un estudio de la Asociación Americana de Psicología, reveló que relacionamos alta estatura con mayores ingresos, confianza propia e incluso con liderazgo, autoridad y fuerza.

Y por favor, no se confundan. No se trata de pretender ser la más linda, la más sexy, ni la mejor vestida, y mucho menos del diseñador más cotizado para su ropa. Es, fundamentalmente, acerca de la imagen profesional que proyectamos y cómo otros nos perciben.

Lo cierto es que una presentación personal poco adecuada nos deja fuera del radar de otros, le resta a la persona recordación. Y como afirma un estudio realizado por la Dra. Louis Frankel, PhD.: En esta economía, no ser recordado no es igual a “no ser recordado”, significa, por el contrario, “ser recordado mal”, es decir, dejar una huella que tiene una connotación negativa.
La realidad es que probar los conocimientos, el contenido de sus ideas y las capacidades de ustedes, puede tomar años, mientras que crear una imagen visual de esos conocimientos y capacidades puede tomar sólo 5 minutos.

Y no me malinterpreten; no he dicho que el empaque es más importante que el contenido; en realidad asumo que los contenidos de ustedes son buenos y han sido cuidadosamente elaborados. En la actualidad, nuestra vida empresarial, profesional y/o laboral, es similar a un producto… y como todo producto está atado a una experiencia. Experiencia que se halla formada por varios elementos, y la imagen personal es sólo uno de esos elementos.

No olvidemos a Sheryl Sandberg, en su libro Lean In, que nos invita a “sentarnos a la mesa” y ser parte de la conversación. Obviamente, para sentarse a la mesa y ser parte de la conversación, se debe tener algo valioso que decir.

También recordemos a Amy Cuddy, profesora del Harvard Business School, quien ha realizado amplios estudios acerca de cómo el lenguaje corporal moldea nuestra identidad. Entonces, una imagen personal sana y atractiva, no es únicamente acerca de verse bien, asimismo se refiere al manejo apropiado del lenguaje no verbal.

Y aunque a simple vista, el desarrollo de la imagen personal pareciera una batalla superficial, en verdad no lo es, ya que actualmente -en este mundo posmoderno- todavía 7 de cada 10 mujeres están inconformes con su imagen personal, según un estudio producido por Dove Fundation.

Las brechas de género (machismo, supervaloración masculina, subvaloración de la mujer, peores salarios femeninos, maltrato de muchas por parte de los varones, etc.) existen todavía en muchos niveles y contextos, también en el área empresarial y profesional, y ya no es porque las mujeres estén menos preparadas que los hombres. De hecho, hoy se gradúan más mujeres que hombres en programas de Master, y los niveles educativos de éstas se incrementan constantemente.

En consecuencia, ¿es posible que esas brechas de género sean, en parte, causadas por la falta de ciertas habilidades blandas, entre otras, una imagen personal apropiada? Yo diría que es muy probable.

Desde este punto de vista, desarrollar una imagen personal y profesional, seria y positiva, no es un tema de vanidad, es un tema de estrategia.

Como me dijo un sabio alguna vez: “Uno no sólo tiene que ser bueno en lo que hace. Uno tiene que verse bueno en lo que hace”. Éste es un tema esencial de supervivencia.